Hoy vengo de plena actualidad, ya que para acabar la serie sobre el maltrato animal he dejado el artículo correspondiente a la Tauromaquia y el mundo que la rodea.
Cada año, miles de visitantes de todo el mundo llegan a Pamplona, para formar parte de los encierros de San Fermín. Sin embargo, los turistas suelen quedar horrorizados al ver a los animales aterrorizados mientras tratan de huir de la muchedumbre borracha que les grita, golpea y jala. Los toros resbalan en las calles empedradas y húmedas, y se azotan contra las paredes con gran fuerza. Muchas veces terminan con lesiones muy graves o con algún cuerno roto que les provoca una intensa agonía. Es tradicional que los corredores les tiren de la cola y golpeen con periódicos para desesperar aún más a este animal, que lo único que intenta es escapar de esta situación. No olvidemos que un toro no es una bestia sanguinaria como tratan de hacernos ver, sino un herbívoro sin ningún instinto de caza o ataque.
Y aún hay más, porque estos mismos toros que corren cada día en los Encierros de San Fermín (36 toros durante toda la semana), terminan en la Plaza de Toros, donde son torturados por toreros una vez que cae la tarde, y por fin, muertos por un estoque que le atraviesa los pulmones para ahogarlo.
Mientras tanto, cientos de personas jaleas y disfrutan con el macabro espectáculo... lamentable.
‘LOS TOROS’, el sangriento espectáculo
Una de las mayores vergüenzas de España ante el mundo entero son sus espectáculos taurinos, en los que no solo son utilizados, martirizados y matados decenas de miles de animales cada año, sino que, además, este martirio y muerte se encuentra aprobado y regulado por las Administraciones, tanto la nacional como las autonómicas (menos en Canarias, cuya ley autonómica de protección animal prohíbe todos los espectáculos taurinos, sin excepción). En España, la regulación de los espectáculos taurinos (corridas de toros y ‘festejos’ populares) se lleva a cabo mediante una ley, un real decreto y los diversos decretos autonómicos, cuyos reglamentos detallan cómo tienen que ser castigados, martirizados y muertoss los animales en estos espectáculos semejantes a los de los antiguos circos romanos.
LA ‘CORRIDA DE TOROS’
Tras salir a la plaza, y después de haber burlado al animal con el ‘capote’, el ‘picador’ le clava en el lomo (espalda) la PUYA (lanza) que le destroza músculos (trapecio, romboideo, espinoso y semiespinoso, serratos y transversales del cuello, etc.) La ‘puya’ le destroza y lesiona, además, vasos sanguíneos y nervios, abriéndole grandes boquetes o agujeros por donde luego pueden también hundirse las BANDERILLAS (palos) terminadas en arpones o ganchos de acero cortante y punzante, de 6 a 8 cms. de longitud, los cuales son clavados en el lomo del toro quedándose enganchados en la carne, desgarrándosela. Luego, atraviesan al animal con un ESTOQUE (espada) de 80 cms. de longitud y doble filo, la cual, según por el lugar del cuerpo por el que penetre, puede destrozarle el hígado, los pulmones, la pleura, etc.; de hecho, cuando la espada le corta la gran arteria, el toro agoniza con enormes vómitos de sangre, que le sale a chorros por la boca y la nariz.
El toro, en un intento desesperado por sobrevivir, se resiste a caer, y, por su gran memoria, suele encaminarse a la puerta por la que le hicieron entrar en ese maldito lugar, llamada ‘puerta de chiqueros’. El animal busca la salida, creyendo que por ahí podrá volver al campo, huyendo así de tanto maltrato y dolor. Pero sus verdugos le apuñalan la nuca con el DESCABELLO (otra espada, que termina en una cuchilla de 10 cms. de longitud, con tope). A pesar de tan terribles tormentos, el animal no suele morir, por su gran potencia física, pero finalmente cae al suelo, porque el ESTOQUE le ha ido destrozando los órganos internos mientras los ayudantes del matador, con capas, hacen girar al toro a izquierda y derecha, cortándole la espada con estos movimientos sus órganos internos. Cuando cae al suelo, le clavan en la nuca la PUNTILLA (un puñal de 10 cms., con doble filo); con el puñal le hurgan en la nuca, intentando cortarle la médula espinal en el espacio entre las vértebras cervicales ‘atlas’ y ‘axis’. El toro queda así paralizado, sin poder realizar siquiera movimientos con los músculos respiratorios, por lo que finalmente muere asfixiado, boqueando una y otra vez intentando que el aire le penetre en los pulmones. Esta es su infame y cruel muerte, cuando no muere ahogado en su propia sangre, que le sale a borbotones por la boca y la nariz, como dijimos arriba.
EL ‘REJONEO’ A CABALLO
En España existe un tipo de "corrida de toros" llamada "rejoneo", realizada por matadores a caballo, que necesitan acercarse muchísimo al toro para poder herirlo. Esto pone a los caballos en gravísimo peligro. De hecho, cada vez hay más caballos heridos y muertos, al no llevar protección. Los caballos de rejoneo están siendo las víctimas de la brutal competencia entre veteranos rejoneadores y aspirantes al escalafón. Los unos y los otros obligan a sus caballos a pisar ‘terrenos’ de gran peligro y a realizar arriesgados embroques, lo cual da lugar a una larga lista de caballos heridos y muertos. Además, la mismísima doma conlleva un grave peligro para los caballos, que son obligados a enfrentarse a los toros en lugares cerrados.
Son comunes las cornadas y las fracturas producidas al realizar las peligrosas actuaciones que les obligan a ejecutar los jinetes (quiebros al pitón contrario, de cara recibiendo, a la grupa, al estribo, al sesgo, etc.). Estos 'embroques' y 'quiebros' ponen al caballo en manos del toro, al entrar en su 'jurisdicción', exponiéndolo a peligro de muerte.
Larga lista de CABALLOS HERIDOS y MUERTOS:
Tampoco quedan libres de malos tratos los caballos de los ‘picadores’. Aunque en 1928 se implantó el peto protector para los caballos de picar (Real Orden de 13 de junio), esto no significa que estén libres de sufrimiento. En las embestidas del toro, cuando el picador lo llama para que acuda al caballo y poder así destrozarle el lomo con la lanza (puya), en muchas ocasiones los caballos reciben fuertes golpes y caen al suelo.
Todos los años son heridos y mueren caballos en las corridas de rejoneo. Una de las más terribles muertes ocurrió el 8 de octubre de 2000, cuando el caballo llamado BALANCÍN sufrió una cornada mortal en Zaragoza, cayendo hacia atrás; la cornada le partió 3 costillas, le destrozó un pulmón y le produjo evisceración de la masa intestinal, saliéndosele los intestinos por el enorme agujero de la cornada. Las terribles fotos fueron ampliamente publicadas en la prensa.
BECERRADAS
Las ‘becerradas’ son crueles espectáculos en los que animales de muy corta edad son sacados al ruedo para diversión del público que les golpea, les tira del rabo, se echa encima de ellos, y, en algunas ocasiones, los ‘mozos’ y ‘mozas’ de las peñas, les clavan banderillas y espadas hasta matarlos, como en la “becerrada de las peñas” de El Burgo de Osma (Soria), o la ‘becerrada de los camareros’ de Segovia.
‘TORO DE LA VEGA’
Cada año, en septiembre, se lleva a cabo en Tordesillas (Valladolid) un repugnante espectáculo denominado "TORO DE LA VEGA". Consiste en que decenas de individuos armados con lanzas, a pie y a caballo, persigan a un toro por el campo, clavándole las largas lanzas en cualquier parte del cuerpo, hasta que el animal, herirlo mortalmente, cae al suelo sin fuerzas y entonces es cruelmente matado dándole puñaladas en la nuca.
CENTELLO fue brutalmente asesinado el 12 de septiembre de 2000. Un individuo le dejó clavada su lanza en el costado, que se partió. El espectáculo era dantesco: el mango de la larga lanza le entraba por el costado derecho, cerca de la ingle, y le asomaba por el lomo un trozo de palo y la hoja completa de acero cortante y punzante, de 33 cms. de longitud. ¡Unos 75 cms. de vara de madera permanecían hundidos y ocultos dentro del cuerpo del animal! Con semejante instrumento de tortura que atravesaba su cuerpo, tuvo que soportar que la chusma le clavara lanzas, una y otra vez. Centello tardó casi 40 minutos en morir... ¡Qué terrible tormento físico y psíquico debió soportar el animal!
‘TOROS DE FUEGO’
El toro es atado por los cuernos, arrastrado por el gentío con gran violencia, y conducido hasta un pilar (mueco), donde le atan la cabeza, le sujetan las patas y le tiran del rabo, para inmovilizarlo y encajarle en la cabeza unos artilugios metálicos con grandes bolas de material inflamable que encienden antes de soltar al animal, que queda envuelto en fuego con cada uno de sus constantes cabezazos al tratar de quitarse el elemento que le hiere, que le atormenta. De las bolas de fuego caen chorros de líquido incandescente que salpica en sus ojos y en su nariz, y también saltan ascuas, que se adhieren a su cuerpo. En Medinaceli (Soria), golpean brutalmente al toro para encajarle las 'sobre-astas', provocándole hemorragia por la boca y la nariz. Los animales mugen desesperados, cabecean y babean profundamente, lo que demuestra el estrés inimaginable al que son sometidos.
Madrid, el País Vasco, Castilla-La Mancha e incluso Andalucía, ya han prohibido expresamente los “toros de fuego” en sus Reglamentos de espectáculos taurinos populares.
De hecho, en el País Vasco, los "toros de fuego" (llamados en euskera 'zezen zusko') son armazones o carretillas. También se hacen ‘toros de fuego’ con armazones que semejan un toro que lanza chispas, conducidos por un hombre, en muchos lugares de Castilla-León (Peñafiel, Puebla, Benavente, Alba de Tormes, etc.) y en Aragón (Tarazona), etc.
TOROS ENSOGADOS’
Los animales son sujetados por la cabeza en un ‘mueco’, donde les atan los cuernos; posteriormente son arrastrados por las calles por el gentío, con gran violencia para los animales, que se resisten con todas sus fuerzas. Las sogas producen grandes traumatismos en la cepa del cuerno y profundos desgarros en los músculos del cuello. Los animales mugen, cabecean y babean, lo que demuestra el estrés inimaginable al que son sometidos.
Los ‘TOROS DE CORIA’
Los “toros de Coria” (Cáceres) son conocidos también como “toros acerico” (en alusión a los ‘acericos’ o ‘almohadillas’ en los que los sastres clavan sus alfileres). Este nombre les viene de la violenta y cruel costumbre de los participantes en estos espectáculos de lanzar dardos a los toros, mediante el uso de soplillos o cerbatanas. Los dardos punzantes, adornados con una terminación en papel, se quedan clavados en la piel del animal. Como se puede ver en la foto, incluso el morro y los ojos son el blanco de la horda. Como el gentío le lanza cientos de dardos, los toros se asemejan a los ‘acericos’ de los sastres, llenos de alfileres. Al final, después de que la gente se ha divertido hasta la saciedad con el sufrimiento de los animales, éstos son matados a tiros con escopetas y les cortan los testículos.
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