Aprovecho estas fechas en las que esto no está muy frecuentado para seguir buceando en el panorama internacional y mostrar nuevas inquietudes ambientales de algún vecino lejano.
Segunda entrega del "Ampliando Fronteras" y no quería despedirme de Uruguay sin atacar otro tema candente en el país:
LA FORESTACIÓN INDISCRIMINADA.
Este impacto, tan significativo como la deforestación que tan a menudo aparece ante nosotros incluso en televisión cuando nos muestran la tala masiva de árboles en zonas selváticas, lo sufren actualmente, y en gran medida, las provincias de Lavalleja, Paysandú, Río Negro, Rivera y Tacuarembó, la mayoría al norte y oeste de Uruguay.

Las políticas uruguayas desde finales de la década de los ´80 han derivado en un fuerte incremento del ritmo de forestación que se ha elevado desde menos de 2.500 hectáreas al año entre 1975 y 1988 hasta las 60 mil hectáreas al año de finales de la década de los ´90.
Hoy en día, la superficie boscosa del país está cubierta por 700.000 hectáreas, de las cuales un 38% corresponde a bosques artificialmente plantados.
Un plan de forestación y una ley de promoción de la forestación artificial sustentan este crecimiento.
En Uruguay, durante la última década, el ecosistema de campo natural ha sido transformado por la forestación con especies arbóreas, principalmente de los géneros Eucalyptus y Pinus (eucalipto y pino, vamos…). Aproximadamente el 20% del territorio ha sido declarado de “prioridad forestal” y las plantaciones comerciales han recibido subsidios por parte del estado hasta hace muy poco tiempo.
Diversos estudios aseguran que los monocultivos forestales generan graves problemas al país. Estas son algunas de las consecuencias de la transformación de la cobertura vegetal autóctona por plantaciones de eucaliptos y pinos:
-Acumulación de carbono en el suelo y regulación hídrica (al existir, derivado de este tipo de plantaciones, una mayor tasa de fijación de carbono en el suelo, la pérdida de agua por transpiración, responsable de la recarga de acuíferos y alimentación de arroyos es más que palpable).
-Acidificación y problemas de fertilidad en el suelo por la reducción de la saturación de las bases de intercambio (Mg, K y Ca).
-Efectos sobre la biodiversidad (pérdida de diversidad biológica por el reemplazo de comunidades de campo natural por cultivos monoespecíficos).
-Plagas (el monocultivo en cuestión, provoca diversas perturbaciones en el ecosistema natural, dando lugar a la aparición y desarrollo de plagas, las que protegidas en su espesura, afectan a los campos cercanos).
-Erosión del suelo (con motivo del surcado previo, de la aplicación masiva de glifosato que elimina la cobertura vegetal, del desmonte del bosque natural y de las tareas de cosecha).
Después de evaluar los impactos ambiéntales que supone y sufrido el desalojo de familias de su prados y medio rural (ganaderías), arrasados ahora por eucaliptos, se preguntan/nos preguntamos “¿Qué hubiese pasado si en lugar de apoyar a este modelo forestal, se hubiera apoyado el desarrollo de la ganadería y los diferentes cultivos agrícolas que el país conoce?”
Ánimo Uruguay!
Fuentes:
Grupo Ambientalista sobre Montes y Forestación “Guayubira”
AgroGestión
Indymedia Uruguay
Ecoportal
Etiquetas: ampliando fronteras, bosques